Parashat Mikets (Génesis 41–44): resumen y comentarios
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Resumen
Pasados dos años, Faraón sueña con siete vacas hermosas devoradas por siete vacas flacas, y con siete espigas llenas devoradas por siete espigas secas. Ninguno de sus sabios sabe interpretarlo. El jefe de los coperos recuerda por fin a Yosef, que sigue en la cárcel; lo sacan, se afeita y se cambia de ropa. Yosef dice: «No soy yo; D-os dará una respuesta para bienestar de Faraón». Interpreta que vendrán siete años de abundancia y siete de hambre, y aconseja buscar a un hombre sabio y prudente que administre el grano (41:1-36).
Faraón nombra a Yosef gobernador de todo Egipto, le da su anillo, vestidos de lino y una cadena de oro, lo llama Tsafnat Paneaj y le da por esposa a Asenat. Yosef tiene treinta años. Almacena el grano durante los años de abundancia, y le nacen Menashé y Efraim. Cuando llega el hambre, «todos fueron a Yosef a comprar» (41:37-57).
Yaakov envía a diez de sus hijos a Egipto, y se queda con Biniamín. Yosef reconoce a sus hermanos, pero ellos no lo reconocen. Los acusa de espías, los encarcela tres días y retiene a Shimón hasta que traigan al menor. Los hermanos se dicen entre sí: «Somos culpables por nuestro hermano». Yosef llora aparte. En el camino de vuelta, descubren su dinero en los sacos (cap. 42).
Cuando se acaba el grano, Yehudá se hace garante de Biniamín. Los hermanos vuelven con regalos y con el doble de dinero, y Yosef los recibe en su casa y se contiene al ver a su hermano menor. Los sienta a comer y a Biniamín le sirve una porción cinco veces mayor (cap. 43).
Al partir, Yosef manda poner su copa de plata en el saco de Biniamín. Los alcanzan y los hacen volver. Yehudá exclama: «D-os ha hallado la culpa de tus siervos». Yosef responde que solo el que tenía la copa será su esclavo (44:1-17).
Parashat Mikets («al cabo de») es la décima porción del libro de Bereshit (Génesis 41:1–44:17) y se lee el Shabat del 12 de diciembre de 2026. También se escribe Miketz, Mikeitz o Miqets. Toma su nombre de las primeras palabras: «Y fue, al cabo de dos años enteros, que Faraón soñó» (41:1).
La tradición propone leer cada porción en cuatro pasos: lo que el texto dice, lo que insinúa, lo que los sabios explican y lo que esconde. Vamos por partes.
Peshat: el sentido simple
Empecemos por lo que el texto dice, sin añadirle nada.
Lo primero es la espera. El texto dice «al cabo de dos años enteros» (41:1): la porción retoma a Yosef en la cárcel, donde terminó la anterior, con el copero que no se acordó de él (40:23). Luego los sueños de Faraón se cuentan dos veces: primero cuando los sueña, y luego cuando Faraón se los relata a Yosef (41:1-7, 41:17-24).
Cuando Yosef llega ante Faraón, lo primero que dice es una frase de humildad: «No soy yo; D-os dará respuesta para bienestar de Faraón» (41:16). Y después de interpretar, añade algo que nadie le pedía: un plan. Faraón debe buscar «un hombre prudente y sabio» y ponerlo al frente del grano (41:33).
Los nombres de sus hijos dicen lo que siente. Al primero lo llama Menashé, «porque D-os me ha hecho olvidar todo mi trabajo y la casa de mi padre»; al segundo, Efraim, «porque D-os me ha hecho fructificar en la tierra de mi aflicción» (41:51-52).
El centro emocional de la porción es el encuentro con los hermanos. El texto lo resume en una frase simétrica: «Yosef reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron» (42:8). Los hermanos hablan entre sí, delante de él, sin saber que los entiende: «Verdaderamente somos culpables por nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba y no lo escuchamos» (42:21). Y Yosef «se apartó de ellos y lloró» (42:24).
Yaakov se niega a dejar ir a Biniamín: «Yosef ya no está, Shimón ya no está, y ¿quieren llevarse a Biniamín? Todo esto cae sobre mí» (42:36). Yehudá, en cambio, se compromete: «Yo me haré su garante» (43:9).
Y la porción cierra con una escena de tensión. La copa aparece en el saco de Biniamín, y Yehudá dice: «¿Qué diremos a mi señor? ¿Cómo nos justificaremos? D-os ha hallado la culpa de tus siervos» (44:16). Yosef responde: «Lejos de mí hacer eso; el hombre en cuyo poder se halló la copa será mi esclavo» (44:17).
Remez: lo insinuado en las letras
Remez significa «insinuación». Aquí la lectura se detiene en las letras y en los números: en cómo una palabra, al sumar el valor de sus letras (la guematría), coincide con otra que ilumina su sentido. El gran recopilador de estas pistas es el Baal HaTurim, Rabino Yaakov ben Asher (siglos XIII-XIV), autor del Arba Turim. En Mikets señala, entre otras, estas seis.
La primera, en el nombre del gobernador. Las letras iniciales de una frase que alude a Yosef y a Potifar, «tzadik patpet nefesh ta’avá Potifar aná nafsho jinam» (צדיק פטפט נפש תאוה פוטיפר ענה נפשו חנם), forman Tzafnat Paneaj (צפנת פענח, 41:45). Y la frase «tzofé podé navi tomej poter anav navi jozé» (צופה פודה נביא תומך פותר עניו נביא חוזה), «el que observa, el que redime, el profeta, el que sostiene, el que interpreta, el humilde, el profeta, el vidente», forma las mismas letras.
La segunda, en la orden de Yosef. «Lajem taasú» (לכם תעשו), «háganlo» (41:55), suma 866, igual que «hamilá taasú» (המילה תעשו), «hagan la circuncisión». El Baal HaTurim lo lee como que Yosef los mandó circuncidarse.
La tercera, en la inclinación de los hermanos. «Vayishtajavú lo» (וישתחוו לו), «y se inclinaron ante él» (42:6), suma 772, igual que «bejan nitkayem hajalom» (בכאן נתקיים החלום), «aquí se cumplió el sueño».
La cuarta, en el ángel. «Vayitnaker» (ויתנכר), «se hizo el extraño» (42:7), suma 686, igual que «al yedei haísh Gavriel» (על ידי האיש גבריאל), «por medio del hombre Gabriel». El Baal HaTurim cuenta que Yosef quiso recibirlos con buen rostro, pero que el ángel que lo había encontrado perdido en el campo (37:15) se lo recordó de inmediato, y por eso se hizo el extraño.
La quinta, en la defensa de Yehudá. «Lo hayú» (לא היו), «no eran» (42:11), suma 52, igual que Kalev (כלב): el Baal HaTurim lo relaciona con Caleb, que descendía de Yehudá y que no estuvo en el consejo de los espías.
La sexta, en la espera. «Bevó» (בבוא), «cuando llegue» (42:15), suma 11: Yosef les dice que no saldrán hasta que lleguen los once hermanos.
Drash: la enseñanza de los sabios
Rashí, con el Midrash y el Talmud, recoge aquí las lecciones de los sabios.
Nadie se lo interpretó a Faraón. «Y no había quien se los interpretara» (41:8). Rashí dice que sí los interpretaban, pero no a Faraón, porque su voz no entraba en sus oídos: le decían: «tendrás siete hijas y enterrarás siete hijas».
«No soy yo». Yosef dice a Faraón: «No soy yo». Rashí explica la frase: la sabiduría no es mía; D-os pondrá una respuesta en mi boca para el bien de Faraón.
Lo que vio Yaakov. «Y vio Yaakov que había grano en Egipto» (42:1). Rashí se pregunta: ¿cómo lo vio, si solo lo había oído? Lo vio en el espejo de la santidad: una visión profética, aunque no le dijo expresamente que se trataba de Yosef.
Los hermanos y la barba. «Yosef reconoció a sus hermanos, y ellos no lo reconocieron» (42:8). Rashí explica: Yosef los reconoció porque los había dejado con barba; ellos no lo reconocieron porque se había ido sin barba y ahora volvía con ella (Ketuvot 27b).
«Shakai». Cuando Yaakov despide a sus hijos con las palabras «Y el Shakai les dé misericordia ante aquel hombre» (43:14), Rashí da un sentido sencillo y otro del Midrash: el que dijo al mundo dai, «basta», que diga «basta» a mis sufrimientos: el de Lavan, el de Esav, el de Rajel, el de Diná, el de Yosef, el de Shimón, el de Biniamín.
«D-os ha hallado». Cuando Yehudá dice «D-os ha hallado la culpa de tus siervos» (44:16), Rashí lo explica: «sabemos que no hemos pecado, pero de parte del Lugar ha sido así; el acreedor halló dónde cobrar su deuda». Los hermanos reconocían una cuenta pendiente.
Sod: lo oculto
El Zóhar
El Zóhar abre la porción con la palabra kets, «fin». Rabí Jiyá cita el versículo de Job: «Él pone fin a la oscuridad» (Job 28:3), y explica que ese kets es el del lado izquierdo, el que recorre el mundo y se presenta ante el Santo para acusar. Y Rabí Shimón pregunta: ¿qué es mikets? Es el lugar donde no hay recuerdo, el kets del lado izquierdo. ¿Por qué? Porque Yosef había dicho al copero: «acuérdate de mí» (40:14). Y, dice el Zóhar, Yosef se equivocó en esto, porque al mirar su sueño pensó que era un sueño de recuerdo, cuando todo estaba en manos del Santo.
Rabí Jizkiyá lee, por su parte, el versículo «Todo tiene su tiempo» (Eclesiastés 3:1): el Santo fijó un tiempo para la luz y otro para la oscuridad; un tiempo para la luz de las otras naciones, que ahora dominan el mundo, y un tiempo para la oscuridad, que es el exilio de Israel bajo su dominio. Y sobre «y su espíritu se agitó» (41:8), explica que Faraón sabía el sueño pero no su interpretación, mientras que Nabucodonosor había visto el sueño y su interpretación, y lo olvidó todo.
El atributo: la memoria y el olvido
La porción habla de recordar y de olvidar: el copero que no se acuerda (40:23) y Menashé, «D-os me hizo olvidar» (41:51). El Zóhar relaciona mikets con el lugar donde no hay recuerdo, y nos deja una enseñanza que coincide con la de Rashí: Yosef pidió que se acordaran de él, y por eso tardó dos años más. La confianza está solo en Hashem.
Más comentarios de la semana en la lista de parashiot.
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Fuentes
- Génesis 41:1–44:17 (texto de la parashá; traducción nuestra)
- Rashí sobre Génesis 41:8, 16; 42:1, 8; 43:14 y 44:16 (texto hebreo de Sefaria)
- Baal HaTurim sobre Génesis 41, 42 y 43 (texto hebreo; guematrías y letras recalculadas)
- Zóhar I, parashá Mikets (texto hebreo de Sefaria-Data; traducción nuestra)