Parashat Vayigash (Génesis 44–47): resumen y comentarios
Lectura con la voz de tu dispositivo.
Resumen
Yehudá se acerca a Yosef, a quien aún no reconoce como hermano, y le dice: «Te ruego, mi señor, que tu siervo diga una palabra a tus oídos y no se encienda tu ira». Le cuenta todo: el padre anciano, el hijo menor que ya perdió a su hermano, y su promesa de ser garante. Le pide quedarse él como esclavo en lugar de Biniamín: «¿Cómo subiré a mi padre sin el muchacho?» (44:18-34).
Yosef no puede contenerse más. Manda salir a todos los egipcios y se da a conocer: «Yo soy Yosef. ¿Vive todavía mi padre?». Los hermanos quedan sin palabras. Yosef les dice: «No se aflijan... D-os me envió delante de ustedes para preservar la vida». Los abraza, los besa y llora con ellos (45:1-15).
Faraón se entera y los invita a traer a toda la familia a Egipto. Les dan carros y provisiones, y Yosef les dice: «No se alteren en el camino». Yaakov, al enterarse, no lo cree; pero al ver los carros su espíritu revive: «¡Basta! Mi hijo Yosef vive todavía; iré a verlo antes de morir» (45:16-28).
En Beer Sheva, Hashem le habla a Yaakov en visiones de la noche: «No temas bajar a Egipto... Yo bajaré contigo y Yo también te haré subir». Bajan setenta personas. Yosef sale en su carro al encuentro de su padre, se echa sobre su cuello y llora (cap. 46).
Yosef presenta a su padre y a cinco hermanos ante Faraón, y Yaakov lo bendice. Les dan la tierra de Gosén. Durante la hambruna, Yosef compra para Faraón las tierras y los pueblos de Egipto, salvo las de los sacerdotes. Israel se establece en Gosén, crece y se multiplica (47:1-27).
Parashat Vayigash («y se acercó») es la undécima porción del libro de Bereshit (Génesis 44:18–47:27) y se lee el Shabat del 19 de diciembre de 2026. También se escribe Vayigash, Vaigash o Vayiggash. Toma su nombre de las primeras palabras: «Y se acercó a él Yehudá» (44:18).
La tradición propone leer cada porción en cuatro pasos: lo que el texto dice, lo que insinúa, lo que los sabios explican y lo que esconde. Vamos por partes.
Peshat: el sentido simple
Empecemos por lo que el texto dice, sin añadirle nada.
La porción empieza con un discurso largo y cuidadoso. Yehudá repite lo ocurrido palabra por palabra, desde que Yosef preguntó por el padre y por otro hermano (44:19-20) hasta su promesa de ser garante (44:32). Y termina con una oferta: «Que se quede tu siervo en lugar del muchacho como esclavo de mi señor, y que el muchacho suba con sus hermanos» (44:33).
La reacción de Yosef es inmediata: «Yosef no pudo contenerse delante de todos los que estaban a su lado, y gritó: ¡Que salga todo el mundo de mi lado!» (45:1). Lloró tan fuerte que «lo oyeron los egipcios y lo oyó la casa de Faraón» (45:2). Y sus primeras palabras a los hermanos son una pregunta por el padre: «Yo soy Yosef. ¿Vive todavía mi padre?» (45:3).
Lo que Yosef dice después no es un reproche: «No se aflijan ni se enojen por haberme vendido aquí; porque para preservar la vida me envió D-os delante de ustedes» (45:5). Y lo repite: «No fueron ustedes quienes me enviaron aquí, sino D-os» (45:8).
Viene el viaje. Yosef despide a sus hermanos con una frase: «No se alteren en el camino» (45:24). Yaakov, al oír la noticia, «se quedó helado, porque no les creyó» (45:26); pero al ver los carros que Yosef había enviado, «revivió el espíritu de Yaakov, su padre» (45:27).
Antes de bajar, Yaakov ofrece sacrificios en Beer Sheva, y Hashem le habla: «No temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en gran nación. Yo bajaré contigo a Egipto, y Yo también ciertamente te haré subir» (46:3-4). El texto enumera setenta personas (46:27).
El reencuentro es breve. Yosef «se echó sobre su cuello y lloró sobre su cuello largamente» (46:29), y Yaakov dice: «Ahora puedo morir, después de haber visto tu rostro» (46:30). Cuando Faraón le pregunta su edad, Yaakov responde: «Los años de mi vida como forastero son ciento treinta; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida» (47:9).
La porción termina con Israel establecido en Gosén, «y se multiplicaron mucho» (47:27).
Remez: lo insinuado en las letras
Remez significa «insinuación». Aquí la lectura se detiene en las letras y en los números: en cómo una palabra, al sumar el valor de sus letras (la guematría), coincide con otra que ilumina su sentido. El gran recopilador de estas pistas es el Baal HaTurim, Rabino Yaakov ben Asher (siglos XIII-XIV), autor del Arba Turim. En Vayigash señala, entre otras, estas siete.
La primera, en el acercamiento. «Vayigash elav Yehudá» (ויגש אליו יהודה, 44:18) suma 396, y «zehu lehilajem im Yosef» (זהו להלחם עם יוסף), «esto es para luchar con Yosef», suma 397: con el kolel, coinciden.
La segunda, en las mismas palabras. Sus letras finales forman shavé (שוה), «igual»: el Baal HaTurim dice que Yehudá quería decirle que era igual a él, que si Yosef era rey, él también lo era.
La tercera, en la comparación. «Kamójá kePharó» (כמוך כפרעה), «tú eres como Faraón» (44:18), suma 461, igual que «bejá atjil» (בך אתחל), «empezaré contigo».
La cuarta, en el secreto. «Eineijem roót» (עיניכם רואות), «sus ojos ven» (45:12), suma 813, y «vehareití lajem hamilá» (והראיתי לכם המילה), «y les mostré la circuncisión», suma 812: con el kolel, coinciden. Y Rashí dice lo mismo: que se mostró circuncidado como ellos.
La quinta, en la señal. «Ki pi hamedabér aleijem» (כי פי המדבר אליכם), «porque es mi boca la que les habla» (45:12), suma 472, y «be’eglá arufá» (בעגלה ערופה), «en el caso de la becerra cuyo cuello se quiebra», suma 471: con el kolel, coinciden. Es la misma señal que menciona Rashí: la porción de la que Yosef y Yaakov estaban hablando cuando se separaron.
La sexta, en el camino. «Aleihem al tirgezú baderej» (אליהם אל תרגזו בדרך), «a ellos: no se alteren en el camino» (45:24), suma 959, y «zehu al tifseú pesiá gasá» (זהו אל תפסעו פסיעה גסה), «esto es: no den pasos largos», suma 958: con el kolel, coinciden.
La séptima, en la tierra. «Bemitav haáretz» (במיטב הארץ), «en lo mejor de la tierra» (47:6), suma 359, igual que Goshen (גושן).
Drash: la enseñanza de los sabios
Rashí, con el Midrash y el Talmud, recoge aquí las lecciones de los sabios.
«Tú eres como Faraón». Rashí da tres lecturas de la frase de Yehudá. Una, sencilla: «eres tan importante para mí como un rey». Otra, del Midrash: «terminarás herido de lepra como Faraón, por una noche en que retuvo a mi abuela Sará». Y otra: «Faraón decreta y no cumple; promete y no hace; y tú, igual». Yehudá habla con dureza, y Rashí lo deduce de su pedido: «que no se encienda tu ira».
La delicadeza de Yosef. «Y Yosef no pudo contenerse» (45:1). Rashí dice por qué mandó salir a todos: no podía soportar que los egipcios estuvieran allí oyendo a sus hermanos avergonzarse cuando él se les diera a conocer.
«Sus ojos ven». Cuando Yosef dice a sus hermanos «sus ojos ven», Rashí explica: ven mi gloria, y que estoy circuncidado como ustedes, y además que es mi boca la que les habla en la lengua sagrada.
«No se alteren en el camino». Rashí da dos lecturas del Midrash: no se enfrasquen en discusiones de halajá para que el camino no los altere, o no den pasos largos ni entren en la ciudad enfurecidos. Y, según el sentido sencillo, Yosef temía que, avergonzados, discutieran por el camino sobre su venta, acusándose unos a otros.
La señal de los carros. El texto dice que Yaakov vio «los carros que Yosef había enviado» (45:27). Rashí explica: Yosef les dio una señal en la que él y su padre estaban estudiando cuando se separaron, la porción de la becerra cuyo cuello se quiebra (eglá arufá), y el texto lo alude con la palabra «carros» (agalot), que remite a eglá, «becerra». Y al verlos, «revivió el espíritu de Yaakov»: la Presencia, que se había apartado de él, volvió a posarse sobre él.
El abrazo. «Y lloró sobre su cuello largamente» (46:29). Rashí cuenta que Yosef lloró mucho más de lo normal, pero que Yaakov no se echó sobre su cuello ni lo besó, porque, dicen los sabios, estaba recitando el Shemá.
Sod: lo oculto
El Zóhar
El Zóhar abre la porción con una escena de la creación. Rabí Elazar cuenta que, el sexto día, cuando había que crear al ser humano, vino la Torá ante el Santo y dijo: «Este hombre que quieres crear te hará enojar; si no fueras paciente, mejor que no existiera». Y Hashem respondió: «¿Acaso es en vano que me llamo erej apáyim, “lento para la ira”?». Es la misma paciencia que pide Yehudá cuando dice «no se encienda tu ira».
Después, el Zóhar se detiene en por qué fue Yehudá quien se acercó. Rabí Elazar dice: porque él era el garante, «tu siervo se hizo garante del muchacho» (44:32). Y hay un secreto: Yosef es «el justo», Yehudá es «el rey», y era necesario que se acercaran. Su cercanía trajo paz entre las tribus, y revivió el espíritu de Yaakov, como dice el texto: «y revivió el espíritu de Yaakov, su padre» (45:27). Y esa unión fue necesaria en todos los planos: arriba y abajo.
Los dos lados del árbol: Yosef y Yehudá
En el lenguaje de las sefirot, «el justo» es Yesod, el fundamento, y «el rey» es Maljut, el reino. Puedes ver dónde se ubican en la guía de las sefirot. Lo que el Zóhar enseña es que lo que trajo vida a Yaakov no fue la victoria de uno sobre otro, sino que los dos se acercaran.
Más comentarios de la semana en la lista de parashiot.
Novedades de Ancient Gate Press
Te avisaremos cuando haya libros nuevos, muestras y novedades de la editorial. Sin spam.
Fuentes
- Génesis 44:18–47:27 (texto de la parashá; traducción nuestra)
- Rashí sobre Génesis 44:18, 29; 45:1, 12, 24, 27 y 46:29 (texto hebreo de Sefaria)
- Baal HaTurim sobre Génesis 44, 45 y 47:6 (texto hebreo; guematrías y letras recalculadas)
- Zóhar I, parashá Vayigash (texto hebreo de Sefaria-Data; traducción nuestra)