Hashem visita a Abraham: lo que enseñan los sabios sobre la visita y la hospitalidad
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El comienzo de parashat Vayerá se lee fácil: Abraham, sentado a la puerta de su tienda, ve llegar a tres hombres y los recibe. Pero los sabios se detuvieron en cada palabra y encontraron una escena mucho más rica. Esto es lo que enseñan Rashí y el Talmud.
Una visita a un enfermo
El texto empieza diciendo que «se apareció a él Hashem» (18:1), pero no dice para qué. Rashí, siguiendo al Talmud (Bava Metzia 86b), responde: para visitar al enfermo. Era el tercer día después de la circuncisión de Abraham, y Hashem vino a preguntar por su salud.
Y hay un gesto más. Rashí cuenta que Abraham quiso ponerse de pie al ver a Hashem, y Hashem le dijo: «Siéntate, y yo me quedo de pie». Es una señal para sus hijos: en el futuro Hashem se pondrá de pie en medio de los jueces mientras ellos están sentados, como dice el salmo: «Hashem está de pie en la asamblea de los poderosos» (Salmos 82:1).
Un sol sin huéspedes
El texto dice que Abraham estaba sentado «a la puerta de la tienda, en el calor del día» (18:1). Rashí, con el Talmud, explica por qué: Hashem sacó el sol de su vaina para que no lo molestaran los huéspedes.
Pero Abraham, que sufría, sufría por otra cosa: porque no venía nadie. El Talmud cuenta que mandó a Eliezer a mirar, y que Eliezer volvió sin haber encontrado a nadie; entonces salió él mismo. Rashí lo resume así: al verlo afligido porque no había huéspedes, Hashem le envió a los ángeles en forma de hombres.
Tres hombres, tres misiones
¿Quiénes eran los tres? El Talmud responde con nombres: Mijael, Rafael y Gabriel. Y Rashí explica la razón de ser tres: un ángel no cumple dos misiones. Uno vino a anunciar a Sará que tendría un hijo, otro a curar a Abraham y otro a destruir Sodoma.
La prueba está en la gramática. A lo largo de todo el capítulo, el texto habla de ellos en plural («comieron», «le dijeron»). Pero en el anuncio del hijo habla uno solo («volveré a ti», 18:10), y cuando se trata de destruir Sodoma habla uno solo también («no puedo hacer nada hasta que llegues allí», 19:22).
Hay un detalle sobre el que los sabios no coinciden del todo. El texto dice que a Sodoma llegaron dos ángeles (19:1): uno destruiría la ciudad y el otro salvaría a Lot. Para el Talmud, ese segundo ángel fue Mijael, que fue con Gabriel. Rashí, en cambio, dice que fue Rafael, que después de curar a Abraham fue a salvar a Lot, y por eso se le dice a Lot: «Sálvate» (19:17).
«Lávense los pies»
Abraham ofrece agua para lavarse los pies (18:4). Rashí, siguiendo al Talmud, explica por qué: pensó que eran árabes que adoran el polvo de sus pies, y no quiso meter idolatría en su casa; por eso insistió en que se lavaran antes de entrar. Lot, en cambio, que no tuvo ese cuidado, les ofreció primero el alojamiento y después el lavado (19:2).
Imitar sus caminos
¿Por qué los sabios sacan tanto de esta escena? Porque para ellos es un modelo. El Talmud (Sotá 14a) pregunta cómo es posible cumplir el versículo «Irán detrás de Hashem, su D-os» (Deuteronomio 13:5), si Hashem es «un fuego que consume». Y responde: yendo detrás de sus cualidades. Como Él vistió a los desnudos (Génesis 3:21), viste tú al desnudo. Como Él visitó al enfermo (Génesis 18:1), visita tú al enfermo. Como Él consoló a los que lloraban (Génesis 25:11), consuela tú a los que lloran. Como Él enterró a los muertos (Deuteronomio 34:6), entierra tú a los muertos.
Y Rabí Simlai añade que la Torá empieza con un acto de bondad, vestir a Adán y a Javá, y termina con otro, enterrar a Moshé.
Esta enseñanza, la de imitar los atributos de Hashem, es la que el Ramak desarrolla en Tomer Devorá. Aquí aparece en su forma más concreta: una visita, una mesa abierta, un poco de agua para los pies.
Esta enseñanza forma parte del comentario de Parashat Vayerá.
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Fuentes
- Rashí sobre Génesis 18:1-4 (texto hebreo)
- Talmud de Babilonia, Bava Metzia 86b (la visita a Abraham, los tres ángeles, el lavado de pies)
- Talmud de Babilonia, Sotá 14a (imitar los caminos de Hashem)
- Génesis 3:21; 18:1-5; 19:1-2, 17, 22; 25:11; Deuteronomio 13:5; 34:6; Salmos 82:1