Parashat Vayejí (Génesis 47–50): resumen y comentarios
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Resumen
Yaakov vive diecisiete años en Egipto y llega a los 147. Cuando se acerca su muerte, llama a Yosef y le hace jurar que no lo enterrará en Egipto, sino con sus padres, en la cueva de Majpelá (47:28-31).
Yosef va a verlo, enfermo, con sus dos hijos, Menashé y Efraim. Yaakov los adopta como suyos, igual que a Reuvén y Shimón. Al bendecirlos cruza las manos: pone la derecha sobre Efraim, el menor, y Yosef protesta. Yaakov responde que lo sabe, y los bendice con una frase que todavía se usa: «Que D-os te haga como a Efraim y como a Menashé» (cap. 48).
Yaakov reúne a sus hijos y les dice que quiere decirles lo que les ocurrirá al final de los días. Bendice a cada uno: reprende a Reuvén, a Shimón y a Leví; a Yehudá le anuncia que el cetro no se apartará de él; y dedica palabras a Zevulún, Isajar, Dan, Gad, Asher, Naftalí, Yosef y Biniamín. El texto concluye: «Todas estas son las doce tribus de Israel» (49:1-28).
Les encarga que lo sepulten en Majpelá, junto a sus padres, y muere (49:29-33). Yosef llora sobre su padre, y los egipcios embalsaman el cuerpo durante cuarenta días y lo lloran setenta. Una gran comitiva sube a enterrarlo a Canaán (cap. 50:1-14).
Tras la muerte del padre, los hermanos temen que Yosef se vengue y le piden perdón. Yosef llora y responde: «No teman; ¿acaso estoy yo en lugar de D-os? Ustedes pensaron mal contra mí, pero D-os lo pensó para bien». Yosef vive ciento diez años, ve a los hijos de Efraim, y pide que cuando D-os los saque de Egipto se lleven sus huesos. Muere, y lo ponen en un ataúd en Egipto (50:15-26).
Parashat Vayejí («y vivió») es la última porción del libro de Bereshit (Génesis 47:28–50:26) y se lee el Shabat del 26 de diciembre de 2026. También se escribe Vayechi, Vayehi o Vaiji. Toma su nombre de las primeras palabras: «Y vivió Yaakov en la tierra de Egipto diecisiete años» (47:28).
La tradición propone leer cada porción en cuatro pasos: lo que el texto dice, lo que insinúa, lo que los sabios explican y lo que esconde. Vamos por partes.
Peshat: el sentido simple
Empecemos por lo que el texto dice, sin añadirle nada.
Lo primero es una cifra: «Y fueron los días de Yaakov, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años» (47:28). Y su primera petición es una promesa: «Si he hallado gracia ante tus ojos, pon tu mano bajo mi muslo y haz conmigo una bondad y verdad: no me sepultes en Egipto» (47:29). Yosef jura (47:31).
La bendición de los hijos de Yosef tiene un gesto que es el centro de la escena: Yaakov cruza las manos. «Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraim, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Menashé» (48:14). Yosef intenta corregirlo: «No así, padre mío, porque este es el primogénito» (48:18). Y Yaakov responde con dos palabras: «Lo sé, hijo mío, lo sé» (48:19).
La frase con la que bendice a los dos es la que después se convirtió en bendición: «Con ustedes bendecirá Israel diciendo: Que D-os te haga como a Efraim y como a Menashé» (48:20).
El capítulo 49 es un poema. Cada hijo recibe unas pocas líneas, y los tres mayores reciben reproches: Reuvén, «inestable como el agua» (49:4); Shimón y Leví, por su ira (49:5-7). A Yehudá se le dice: «No se apartará el cetro de Yehudá» (49:10), y a Yosef una bendición larga (49:22-26). El texto lo cierra así: «Todas estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que les dijo su padre al bendecirlos; a cada uno lo bendijo con su bendición» (49:28).
Después de la muerte, el texto cuenta cuarenta días de embalsamamiento, setenta días de duelo de los egipcios (50:3) y una comitiva grande: «carros y jinetes» que suben a Canaán (50:9). Y cuando los hermanos temen que Yosef los castigue, él llora, y les dice: «¿Acaso estoy yo en lugar de D-os? Ustedes pensaron mal contra mí, pero D-os lo pensó para bien» (50:19-20).
El libro termina con una promesa y un ataúd: «D-os ciertamente los recordará, y harán subir mis huesos de aquí» (50:25), y «lo pusieron en un ataúd en Egipto» (50:26).
Remez: lo insinuado en las letras
Remez significa «insinuación». Aquí la lectura se detiene en las letras y en los números: en cómo una palabra, al sumar el valor de sus letras (la guematría), coincide con otra que ilumina su sentido. El gran recopilador de estas pistas es el Baal HaTurim, Rabino Yaakov ben Asher (siglos XIII-XIV), autor del Arba Turim. En Vayejí señala, entre otras, estas ocho.
La primera, en el juramento. «Na yadjá» (נא ידך), «pon tu mano» (47:29), suma 85, igual que milá (מילה), «circuncisión». Es la misma pista que ya apareció cuando Abraham hizo jurar a su siervo.
La segunda, en la inclinación de Efraim. «Vehu hatzaír» (והוא הצעיר), «y él era el menor» (48:14), suma 393, y «hu hiktín atzmó» (הוא הקטין עצמו), «él se hizo pequeño a sí mismo», suma 392: con el kolel, coinciden. El Baal HaTurim concluye que por eso mereció que saliera de él Yehoshúa.
La tercera, en su descendencia. «Vezaró yihyé melo» (וזרעו יהיה מלא), «y su descendencia será plenitud» (48:19), suma 390, y Yehoshúa (יהושע) suma 391: con el kolel, coinciden.
La cuarta, en lo que Yaakov da a Yosef. «Shejem ejad» (שכם אחד), «una Sijem» (48:22), suma 373, igual que «bejélek bejorá» (בחלק בכורה), «en porción de primogenitura».
La quinta, en Reuvén. «Reuvén» (ראובן, 49:3) suma 259, igual que «lo bejor» (לא בכור), «no primogénito».
La sexta, en la ira de Shimón y Leví. «Ki be’apam hargú ish» (כי באפם הרגו איש), «porque en su ira mataron a un hombre» (49:6), suma 678, igual que «zé Shejem ben Jamor» (זה שכם בן חמור), «este es Shejem, hijo de Jamor».
La séptima, en el cetro. «Umejokek mibein ragláv» (ומחוקק מבין רגליו), «y el legislador de entre sus pies» (49:10), suma 611, y «talmidei jajamim» (תלמידי חכמים), «discípulos de sabios», suma 612: con el kolel, coinciden. Y «mejokek» (מחקק) suma 248, el número de miembros del cuerpo humano, según la tradición.
La octava, en Naftalí. «Ayalá shluja hanoten imrei shafer» (אילה שלוחה הנותן אמרי שפר), «una cierva suelta que da palabras hermosas» (49:21), suma 1737, igual que «vatashar Devorá uVarak ben Avinóam bayom hahu» (ותשר דבורה וברק בן אבינועם ביום ההוא), «y cantaron Débora y Barak, hijo de Avinóam, aquel día»: el Baal HaTurim dice que Yaakov profetizaba sobre la guerra de Barak, de la tribu de Naftalí.
Drash: la enseñanza de los sabios
Rashí, con el Midrash y el Talmud, recoge aquí las lecciones de los sabios.
Una porción «cerrada». Esta porción, a diferencia de las demás, no tiene espacio en blanco antes de empezar. Rashí pregunta por qué y da dos respuestas: porque, al morir Yaakov, se cerraron los ojos y el corazón de Israel por la angustia de la esclavitud que empezó; o porque Yaakov quiso revelar a sus hijos el fin de los tiempos, y se le cerró.
Una bondad verdadera. Yaakov pide a Yosef: «Haz conmigo una bondad y verdad» (47:29). Rashí dice: la bondad que se hace con los muertos es una bondad verdadera, porque quien la hace no espera recibir nada a cambio. Y da las razones de no ser sepultado en Egipto: que su cuerpo no se convierta en tierra de gusanos, que los muertos fuera de la tierra de Israel solo resucitan tras mucho sufrimiento, y que los egipcios no hicieran de él un ídolo.
Rajel en el camino. Yaakov explica a Yosef por qué enterró a Rajel en el camino de Efrat y no en Belén: Rashí cuenta que lo hizo por orden de Hashem, para que ayudara a sus hijos cuando Nebuzaradán los llevara al destierro, y al pasar por allí, Rajel saliera de su tumba a llorar y a pedir compasión por ellos.
El final que se cerró. «Yaakov llamó a sus hijos y dijo: reúnanse y les diré lo que les ocurrirá al final de los días» (49:1). Rashí dice que quiso revelarles el fin de los tiempos, pero la Presencia se apartó de él, y empezó a decir otras cosas.
Todos bendecidos. El texto cierra la bendición diciendo que «los bendijo» (49:28). Rashí se pregunta: ¿no hubo hijos que solo recibieron reproches? Y responde: dice «los bendijo» para que se entienda que todos fueron bendecidos, pues a Yehudá le dio la fuerza del león, a Biniamín la del lobo y a Naftalí la ligereza del ciervo.
«¿Acaso estoy yo en el lugar de D-os?». Cuando los hermanos temen su venganza, Yosef dice: «¿Acaso estoy yo en lugar de D-os?». Rashí lo lee como una pregunta retórica: si yo quisiera haceros mal, ¿podría? Todos ustedes pensaron mal contra mí, y el Santo lo pensó para bien; ¿cómo podría yo solo hacerles mal?
Sod: lo oculto
El Zóhar
El Zóhar se detiene en la palabra «Y vivió». Rabí Yosi dice que «el corazón ve en profecía»: en Egipto, Yaakov vio que sus hijos pasarían por varios exilios, hasta el momento del fin de los tiempos, el del Mesías. Y a esa profecía solo llegaron él y Moshé. De Moshé está escrito: «Nadie me verá y vivirá» (Éxodo 33:20); de Yaakov, «y vivió». «Vayejí» es una profecía que descendió del espejo luminoso.
El Zóhar agrega que no era una profecía alegre: vio el exilio de sus hijos en la tierra de Canaán y en todas las tierras, y su corazón estaba quebrado desde Egipto, como dice el texto: «hay grano (shéver, «quiebre») en Egipto» (42:1). Es la misma idea que Rashí recoge en la porción «cerrada».
Más comentarios de la semana en la lista de parashiot.
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Fuentes
- Génesis 47:28–50:26 (texto de la parashá; traducción nuestra)
- Rashí sobre Génesis 47:28, 29; 48:7, 22; 49:1, 3, 28 y 50:19 (texto hebreo de Sefaria)
- Baal HaTurim sobre Génesis 47:29, 48 y 49 (texto hebreo; guematrías y letras recalculadas)
- Zóhar I, parashá Vayejí (texto hebreo de Sefaria-Data; traducción nuestra)